Infertilidad. Depresión. Embarazo.Publicar mi historia de infertilidad es parte de mi catarsis personal, quizá no es ajena a muchas otras historias, pero es una de las razones por las que creo que los hijos son una bendición. Así inició mi aventura de la maternidad.

Cuando mi esposo y yo nos casamos, decidimos esperar unos dos años antes de buscar bebés. Pero muy pronto cambiamos de opinión. Veníamos de una relación larga antes de casarnos, nos conocíamos y sentíamos que nuestra pequeña familia, aunque joven, estaba lo suficientemente sólida para convertirnos en padres.

Decidimos hacernos unos chequeos médicos previos para asegurarnos que todo estuviera bien antes de esperar a nuestro primer bebé. Los resultados indicaron que todo estaba ok y solo teníamos que “hacer la tarea”.

Para ese entonces siempre nos preguntaban “para cuándo el bebé”, “no demoren”, etc., creo que le pasa a la mayoría de recién casados. Nosotros frescos porque, aunque estábamos buscando, aún no cumplíamos el año de casados y no sentíamos presión.

Cuando nos diagnosticaron infertilidad luego de intentar embarazarnos sin éxito por más de un año, no podía creerlo. La idea de no poder ser mamá no podía procesarla y entré en negación total. Me olvidé del tema de la maternidad por un tiempo, creyendo tal vez, que si no pensaba en el problema, este desaparecería.

Unos meses después, decidimos hacerle frente a la situación y buscar ayuda. En nuestro país, los seguros médicos no cubren este tipo de problemas, así que resulta un “ojo de la cara” las pruebas y exámenes para el diagnóstico y ni hablar de los tratamientos. Fue una decisión que pensamos muy bien, ya que implicaba postergar algunos planes como comprar un departamento propio, viajar, en fin, planes que uno tiene.

Pero decidimos que estábamos en condiciones de hacerlo, si no era ahora quizá más adelante sería casi imposible. Así comenzó nuestra búsqueda, que se hizo larga, angustiosa, solitaria y desgastante tanto física, anímica como económicamente, pero con la seguridad de que la recompensa sería súper gratificante.

Si me preguntan qué fue lo más difícil, diría que lidiar con mis pensamientos irracionales. Cuando me preguntaban cuándo tendré hijos inventaba excusas, me costaba aceptar públicamente que no podía o que estaba en tratamiento. La idea de estar “fallada”, “ser una mujer incompleta por no ser madre”, “no querer dar lástima”, “estar en desventaja frente a otras”, “poner en riesgo mi matrimonio sin hijos” o “quedarme sola” eran pensamientos que hasta entonces nunca había tenido conscientemente, pero en ese momento me llevaban a sentir mucha ira, vergüenza, culpa, miedo.

En esa época sentía mucha presión: mía, de la familia y de los amigos. Solo una anécdota, un día de esos muchos en que me venía la regla como una confirmación de que nuevamente no estaba embarazada, decidí sobreponerme y asistir a reunión familiar. Luego de esquivar, con una sonrisa complaciente, todas las preguntas o comentarios indiscretos sobre mi frustrada maternidad, alguien no pudo con su curiosidad y se me acercó en “broma” a manosear bruscamente mi vientre, preguntándose “en dónde estaba ocultando al bebé, que ya lo saque!!!”, para esta persona fue una broma, pero esa tarde sentí morir de tristeza y fue la gota que derramó mi vaso. Decidí no asistir más a ninguna reunión familiar. Aproveché una coyuntura laboral para renunciar a un trabajo estable y aventurarme a uno freelance. Poco a poco me fui aislando. Finalmente la tristeza se convirtió en una depresión que me llevó a terapia por un tiempo.

Pasamos casi tres años buscando a nuestro hijo, fueron tiempos muy difíciles pero finalmente lo conseguimos. Claudito nació el verano del 2014 y cuando hoy veo su rostro pienso mil veces en que todo valió la pena.

Actualmente, llevamos dos años intentando volver a embarazarnos y aún no hemos podido lograrlo. Esta vez hay menos miedos, no hay vergüenza, no hay culpas. Tampoco hay plata para tratamientos pero sí mucha esperanza.

Seguramente algunas experiencias tendrás que vivirlas para aprender de ellas. Acá te dejo algunas lecciones que aprendí.

Hablar del tema (con un profesional o alguien de confianza) ayudará a identificar tus pensamientos y emociones acerca de tu infertilidad. Ganarás más confianza para hablar y afrontar el tema y dejar de cargar esa pesada mochila de miedos, vergüenzas o culpas.

Apoyarse en la pareja. Aunque generalmente es la mujer a quien más le afecta todo el proceso (porque es a la que más someten a exámenes, la que más se juzga, etc.) el hombre también la pasa mal. Conversar sobre lo que piensan, lo que sienten les ayudará a entenderse y contenerse mutuamente.

No desistir. El camino puede ser difícil en todos los sentidos (anímica, física, económica, socialmente.) pero la tranquilidad de haberlo intentado todo será tu soporte más adelante.

Pensar en positivo sobre los demás. Los amigos y familiares siempre tienen opiniones y buenos deseos. Algunos tienen poca habilidad para tratarnos. Hay que explicarles lo que pasa y ayudarlos a entender nuestra situación.

Finalmente, si aún no estás buscando bebé, sé empático con los que sí lo están recuerda que toda la vueltas.

Te deseo éxitos!!!