buscando a un hijoLa tarde de ayer, fuimos al parque con Claudio y se puso a jugar con un niño. Por cosas del destino me senté en una banca al lado de una joven mujer, que lo estaba cuidando. Rompimos el hielo preguntándonos cuántos años tenían nuestros hijos y ella me aclaró que era su sobrino, al que quería como a un hijo, porque ella (con voz temblorosa) no podía tener bebés. Hablamos por un rato y por alguna razón se abrió y me contó su travesía en la búsqueda de un embarazo. Cuando me disponía a contarle mi historia, como para darle algo de confianza, Claudio me pidió ir al baño y bueno, solo alcancé a decirle que no pierda la esperanza, yo también pasé por eso y la invité a visitarme acá.

Hoy tenía pensado publicar otro post. Pero encontré en mi computadora un archivo de hace casi 5 años. Mientras lo leo, encuentro en cada párrafo mucho de lo que pudo contarme. Imposible no volver a recordar esa época, cuando estaba buscando a mi hijo y a punto de tirar la toalla.

Amado hijo, han sido meses difíciles pero aún te sigo buscando. Confieso que por momentos quiero desistir pero la ilusión de tenerte en mis brazos y el amor de papá me alientan a seguir adelante y no perder las esperanzas de tenerte pronto en casa.

Te cuento que los últimos meses he evitado salir con amigas y asistir a reuniones familiares. Porque cada vez preguntan más por ti. Parece que algunos solo pueden hablar de eso, no sé, quizás estoy muy sensible. Algunas veces no sé qué responder, por alguna razón evito decir la verdad e intento disimular mi tristeza, otras veces me pongo a la defensiva porque me duele hablar de ti. Entiendo que preguntan porque también quieren verte.

Muero por tenerte conmigo. Algunos meses estoy tan entusiasmada que imagino que estas ya en camino. Luego, descubro que solo es una ilusión, una broma cruel de mi cuerpo para darme algunos días de felicidad. He aprendido a no ilusionarme tanto porque no sabes cómo duele volver a la realidad de no tenerte.

Duele esperarte tanto y que no llegues. En mis días más tristes he pensado lo peor y ha sido inevitable el preguntarme: ¿por qué a mí? si te quiero tanto, ¿Qué de malo tengo, que culpas estoy pagando? y si nunca te encuentro, y si te hubiera buscado antes, y si…. ¡Dios!, de pronto mi cabeza es un infierno de preguntas y escenarios imaginarios.

Adorado hijo, buscarte todos estos años me ha agotado física, financiera y sobre todo emocionalmente. Tu ausencia duele tanto que hay días en el mes en que prefiero no despertar jamás. Es tan frustrante buscarte, quererte tanto y no tenerte. Es tan difícil aceptar la posibilidad de vivir sin ti e intentar llenar el vacío que provoca tu ausencia.

Quizá tu demora, tiene un sentido, no lo sé. Pero en tu búsqueda, he conocido mejor a tu padre, quien se ha convertido en un hombre extraordinario, capaz de mostrar su gran sensibilidad y fortaleza en el momento preciso. Hace unos días, entre lágrimas, me ha jurado que estarás con nosotros, pase lo que pase. Lo ha dicho tan convencido, que le he creído y la fuerza para seguir buscándote ha vuelto a crecer en mí. Te sigo buscando hijo mío.

Te ama.
Tu mamá.

Si estás leyendo esto, te mando un fuerte abrazo. Sigue adelante y como decía tu polera “que la fuerza te acompañe”, siempre!.