madre síEn estos poco más de tres años, la mayoría de mis días con Claudito han sido muy felices, pero como nada en la vida es perfecto, también he tenido algunos días horribles de mucho, pero mucho estrés, en los que he terminado perdiendo el control y luego sintiéndome la peor madre del mundo.

No entraré en detalles pero cuando digo perder el control, CONFIESO que implica gritos y alguno que otro coscorrón. Sí, dije la peor madre del mundo. Lo admito con mucha vergüenza y sobre todo CULPA.

No se justifica, pero es comprensible a veces perder el control y sentirse la peor madre del mundo como consecuencia del agotamiento y el desgaste físico y mental al que nos sometemos. Tener sentimientos, actitudes y respuestas negativas con nuestros hijos o con nuestra familia, sentirnos frustradas y fracasadas por no ser una buena madre, es parte de un fenómeno que los psicólogos llaman Síndrome de Burnout, agotamiento o estrés laboral, que aunque es un término usado para explicar las respuestas al estrés laboral crónico de los trabajadores, es perfectamente aplicable a lo estresante y agotador que puede ser la maternidad.

Y es que en contraste con la figura materna SIEMPRE amorosa y tierna que hemos idealizado, algunos estudios sugieren que las madres, por la situación de estrés a la que estamos expuestas, tenemos un mayor riesgo de cometer más actos de maltrato hacia nuestros hijos y otras personas. TODAS, incluso las que tienen ayuda doméstica o de familiares, las que trabajan fuera o dentro de casa, se han sentido agotadas a tal punto de perder el control en algún momento.

Por eso es importante prevenir y aplicar estrategias que puedan ayudarnos a sobrellevar el estrés y aliviar en algo nuestra carga laboral. Te dejo 4 consejos, que estoy aplicando, para no sentirme la peor madre del mundo.

1.- Priorizar
Durante los primeros meses como mamá me ponía al bebe en el fular y avanzaba con todos los pendientes. Era de las que trabajaba en la computadora mientras con un pié mecía el cochecito del bebé, ¡tal cual! Cogía al bebé con el brazo izquierdo, mientras con el derecho cocinaba, hasta ahora tengo tendinitis en el hombro. Limpiaba por delante mientras el niño por detrás ensuciaba y el ciclo se hacía interminable. Al final del día terminaba agotada y habiendo hecho todo a medias. Hasta que entendí que no todo tiene que estar perfecto, que mi prioridad era estar con mi bebé y por esa razón había decidido quedarme en casa los primeros años, para acompañarlo, atenderlo, pasear y jugar con él. Claro que ahora mi departamento es más “invisitable”, con frecuencia hay platos sucios en la cocina, voy más seguido a la lavandería y pedimos más delivery que en toda mi vida de soltera, pero estoy más relajada y todos en casa estamos más felices, y creo que finalmente eso es lo que más importa.

2.- Evitar la sobrecarga y pedir ayuda.
Antes pecaba de autosuficiente, prescindía de ayuda doméstica y de la familia, porque creía que yo podía con todo. Pero con frecuencia llegaba a un punto en que no me daba abasto y todo se volvía un desastre. Mi esposo viajaba por varios días y tenía que hacerme cargo sola de la casa y de todo lo que implica lidiar con un niño de alta demanda como Claudito. Ahora pido ayuda de mi mamá o voy a la casa de mi suegra, y he contratado a alguien que me ayude una o dos veces por semana con la limpieza de la casa y estoy más relajada para disfrutar con mi hijo.

3.- Mantener el contacto con otras personas
Al principio de mi maternidad estaba tan hipnotizada con mi bebé que mi hobby favorito era mirarlo y olerlo, poco a poco cancelaba citas y planes con amigas, es que en honor a la verdad mis amigas cercanas aún no tenían bebés y mis conversaciones eran muy monotemáticas y me alejé un poco de la vida social. Sin embargo comencé a relacionarme más con otras mamás que conocía en el parque, en los talleres a los que asistía con Claudito, amigas a las que no veía desde hace tiempo porque eran mamás, etc. y es que relacionarte con otras mamás compartir experiencias y en ocasiones rajar de la maternidad también es terapéutico. Poco a poco he retomado el contacto con mis amigos y tengo en ellos un soporte importante.

4.- Dedicar tiempo para una misma
Mi esposo es todo un papá presente, compartimos juntos la crianza de nuestro hijo y las actividades de la casa. Sin embargo, por ejemplo en los primeros meses, mientras él se encargaba del bebé yo aprovechaba para avanzar con las tareas domésticas u otros pendientes, al final del día terminaba igual de agotada. Ahora sí trato de darme tiempo para mí. Cuando él se encarga del niño lo saca de la casa y así aprovecho para ver televisión, revisar mis redes sociales, terminar de leer el libro pendiente o simplemente dormir. Si no lo puede sacar, salgo yo a tomarme un café en el centro comercial más cercano sola o con amigas, etc. Por último, una vez a la semana coordino con mi mamá o mi suegra para que el niño pase el día con ellas y así descansar o trabajar en lo que me gusta y me relaja.

Finalmente, creo que la maternidad es un reto continuo y quizá sea inevitable no sentirse la peor madre del mundo en algún momento, porque no existe una maternidad estática y perfecta, va cambiando y vamos aprendiendo según nuestras experiencias. Lo importante es buscar un equilibrio y ser felices. Recuerda siempre que el mejor regalo que podemos darle a nuestros hijos es una mamá feliz!

Ahora me haría sentir mejor saber que no soy la única por acá que ha perdido el control o la paciencia y se ha sentido la peor madre del mundo en algún momento. ¿Te ha pasado y cómo haces para controlarte? Comparte tu experiencia!

Te deseo éxitos!