hijos hiperegaladosHace unas semanas asistí a un babyshower y me senté con un grupo de mamás, con hijos ya profesionales. La mesa se puso muy interesante, comenzamos hablar sobre la familia, los hijos, la maternidad y ellas relataron las anécdotas que pasaron sus hijos cuando estos fueron a hacer su SERUMS (Servicio Rural y Urbano Marginal de Salud) un programa del estado en el que se inscriben los profesionales de la salud para brindar sus servicios, en las zonas de menor desarrollo del país, con el objetivo de acceder más adelante a ciertos beneficios como poder trabajar para el estado, etc.

Una de ellas contó que su hijo, de 27 años, no sabía prepararse el desayuno, menos lavar su ropa y cuando le tocó trabajar en un pueblito de la sierra, enviaba a casa cada semana una maleta con su ropa sucia para que la empleada de la casa se la lave y se la envíe bien planchada y almidonada, junto a otra maleta en la que enviaban un menú diferente (en tapers) para cada día de la semana. Otra mami contó que el internet en el pueblito en el que su hijo de 29 años estaba, era demasiado lento así que “tuvieron” que comprarle un sistema de internet satelital o algo así, sólo para que pudiera relajarse en sus ratos libres. A otro joven no le gustaba el pan de la pensión, así que le enviaban su pan favorito cada semana. Poco a poco las mamis entraron en confianza y comenzaron a contar orgullosas otros detalles.

Se imaginan que un joven de 25 años no sepa cómo pelar un huevo sancochado porque siempre alguien lo hizo por él?. O que se pase en pijama una semana entera sin hacer nada más que jugar nintendo, porque espera una llamada de trabajo?. O que tire al caño un bol entero de leche con cereal porque se dio cuenta que no era light, sin tener en cuenta que alguien trabajó para conseguirlo?.

Mientras las escucho pienso en mi hijo que, algunas veces, sentado en el mueble viendo caricaturas, me llama: mamáaaaaa quiero juguito!, mamáaaaa quiero canchita!, mamáaaaa derramé juguito en mi polo, quiero que me cambies!, Mamá quiero ese juguete de la teleeeee!!!. Tiene casi 4 años y aunque algunas veces cedo porque quiero darle gusto, creo que el dame y cómprame no debe ser complacido siempre. Que está bien lidiar con los berrinches cuando él quiere algo y no se lo damos porque no lo necesita o es suficiente con lo que tiene. Que valen las discusiones que tenemos con mis papás, porque quieren comprarle todo lo que el nieto les pide porque lo adoran y quieren verlo feliz.

Quisiera tener la bendición de estar siempre con él, para darle todo lo que necesita, pero si algún día le falto, quiero estar segura de que podrá valerse por sí mismo, que podrá tender su cama, lavar su ropa o prepararse el desayuno por si solo o si tiene la bendición de tener a alguien que se lo prepare será agradecido y sabrá valorar con generosidad el trabajo de los demás. Quiero estar segura que sabrá ganarse la vida con dignidad, entendiendo que la felicidad no consiste en tenerlo todo necesariamente.

Y es que algunas veces amamos tanto a nuestros hijos que queremos darles todo, sin darnos cuenta que podemos convertirlos en hijos que solo piensan en sí mismos, que no valoran lo que tienen porque nunca les ha costado obtener nada de lo que presumen, hijos que no tienen empatía por las demás personas que trabajan o que están a su “servicio”, hijos que pretenden sacarle el máximo “beneficio” y conseguir todo lo que quieren de unos padres que los aman tanto, al punto de estar cegados de amor, que ofrecen sin reparo todas las comodidades, solucionan todos los problemas y asumen todas las consecuencias de los actos de sus hijos.

A veces ser padre nos enfrenta a un pasado que no queremos repetir, según Juliet Hopkins, una famosa psicoterapeuta inglesa, ser un “padre demasiado bueno”, quizá es el reflejo de nuestras carencias (afectivas, materiales, etc.), o quizá es el reflejo de haber recibido un trato desfavorable de nuestros propios padres y por esta razón tenemos miedo a identificarnos con ellos. Como la madre que de niña anduvo descalza y compra zapatos en abundancia para su hija o el padre al que le ponían límites en exceso y ahora con su hijo es demasiado permisivo.

Dicen que los padres debemos preparar a los hijos para el camino y no el camino para nuestros hijos. Algunas veces amamos tanto que damos todo, pero no dar todo algunas veces es también un acto de amor!

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